
Mural “Historia de Concepción” |
Pese a que no se trata de un monumento nacional
-en el sentido burocrático del término, puesto que
no está oficialmente inscrito ense registro- el mural “Historia
de Concepción” tiene un valor patrimonial y artístico
no sólo para nuestra zona, sino que para todo el país.
Esta pieza, que se desarrolla sobre una superficie aproximada de
280 metros, fue pintada con la técnica del fresco, de gran
estabilidad, permanencia y nobleza. Ha sido utilizada por Miguel
Angel en la Capilla Sixtina y, más recientemente, por el
artista mexicano Diego Rivera. Está hecho en base a tierra
de color molida y mezclada con agua pura, que a su vez se aplica
sobre una mezcla de cal y arena, para luego ser fijada a la superficie
con pinceles blandos.
Su autor, Gregorio de la Fuente, lo creó en 1942 luego de
haber ganado un concurso público para decorar el hall del
edificio recién construido para la Estación de Concepción,
convirtiéndose así en uno de los primeros murales
pintados y emplazados en lugar público.
Pintor y muralista, De la Fuente mostró su versatilidad
plástica en la ejecución de varios frescos como este
mural emplazado en esta ciudad que se ha vuelto paradigmática
en esta técnica plástica. No se puede olvidar que
aquí se concentran los murales de mayor relevancia de Chile,
producto de las visitas de muralistas mexicanos a mediados de siglo.
Sensible a estas influencias, De la Fuente hizo una pausa en su
desarrollo como pintor de caballete para ejecutar las monumentales
vistas que envuelven un espacio. Ahí se narran parceladamente
historias de la vida de los trabajadores donde es resaltada la
fraternidad y el trabajo. El realismo social fue una escuela que
empezó en la Unión Sovietica y que influyó por
largo tiempo al continente americano.
El “tesoro” del Barrio Cívico
El “error” que causó todo el revuelo en torno
a la “Historia de Concepción” se produjo cuando
en la toma de muestras de la estructura del edificio se perdieran
10 centímetros de diámetro del fresco. El problema
se originó luego de que el Ministerio de Obras Públicas,
MOP, encargara un estudio sobre la calidad del hormigón
y enfierramiento a la empresa Cesmec Ltda, la que tomó muestras
por el lado de atrás de la pared del mural, lo que no estaba
contemplado en las especificaciones dadas.
Previo a este hecho, en todo caso, en la dirección regional
de Arquitectura del mismo MOP se había calificado a este
mural como el “tesoro” del proyecto Barrio Cívico.
Por eso es que durante la primera etapa de recuperación
del edificio de la Estación, pese que no está contemplada
la restauración del mural, sí lo está su protección.
Para ello en el MOP se han reunido con especialistas que han propuesto
la instalación de una cámara especial sobre el mural,
que no se apoye en el muro, y la aplicación de gas inerte
para tratar de mantener la obra en condiciones óptimas durante
todos los meses que duren los trabajos.
La última restauración de la obra, de manos de su
propio autor, se había producido en 1987 cuando De la Fuente
se dedicó a proteger su paradigmática creación
de la presentación de algunas zonas húmedas.
Del muralismo a la abstracción
De la Fuente nació en Santiago el 5 de diciembre de 1910.
Su temática plástica abarcó el paisaje, la
figura humana, naturalezas muertas, retratos, temas históricos,
figurativos y abstractos. Sus primeras influencias fueron Manuel
Núñez y Carlos Isamitt, en la Escuela de Bellas Artes
del Parque Forestal, y más tarde Juan Francisco González
y Julio Fossa Calderón.
Su relación con el muralismo está vinculada a la
presencia de artistas mexicanos y también a estudios de
arte mural realizados en Argentina, conocimientos que serían
complementados con estudios de perfeccionamiento en la Escuela
de Bellas Artes de París y en la Grand Chaumiere gracias
a una beca del gobierno francés.
Como contemporáneo de la Generación del 28, asumió una
posición crítica frente a los viejos arquetipos europeos
y adoptó una actitud de revisión frente a las nuevas
corrientes de arte.
Fue uno de los primeros artistas chilenos que adhirió a
la corriente muralista con la creación de enormes frescos
como la “Historia de Concepción”, donde tuvo
como ayudantes a Sergio Sotomayor y Julio Escámez.
Animado por un decidido afán de reivindicación social,
al igual que los muralistas mexicanos, luego de sus estudios realizados
en París, su pintura siguió rumbo hacia la abstracción
y el cubismo, simplificándose y tomando un sentido planimétrico
con el aprovechamiento de nuevas armonías cromáticas.
Aunque las reminiscencias precolombinas y la influencia de la pintura
mural aún permanecieron en algunas telas, éstas se
adhirieron cada vez más a la abstracción, cuyo punto
de partida siguió siendo la realidad, pero abstrayéndola
a esquemas y síntesis lineales.
De gran importancia en la historia plástica local, la mayor
obra de Gregorio de la Fuente se ha mantenido por cerca de 10 años
en una suerte de letargo que, es de esperar, ahora sea reivindicado
mediante su adecuada protección y su incorporación
a un sitial destacado en lo que será la nueva cara cívica
de la ciudad.